CRONICAS: OTRA JORNADA EN EL CERRO



Fotos y textos
Guillermo Correa Camiroaga                                                                                                                      

El sábado 10 de mayo nos pusimos de acuerdo con Juan  ( integrante del Colectivo Cine Forum) para subir al cerro  y ver en que podíamos ayudar. Nos juntamos en la Plaza Aníbal Pinto a lasa 11 de la mañana y esperamos la micro B ( 513), que hace el recorrido entre los cerros Cordillera y Las Cañas , con una frecuencia que varía  entre los veinte a treinta minutos. Llegamos arriba y nos dirigimos al Centro Comunitario Las Cañas, acercándonos al encargado para preguntarle como cooperar. Nos explicó que en esos momentos otros muchachos recorrían el sector para ver en que sitios solicitaban ayuda y que esperáramos un rato. Como pasaba el tiempo, decidimos partir “por la libre” a recorrer el lugar y ver donde podrían necesitar ayuda de nuestra “mano de obra no calificada”.
Recorriendo el sector se observa claramente una disminución de voluntarios. Personal institucional,  gubernamental o de la municipalidad ,no se ve por ninguna parte.
 En nuestro caminar nos encontramos  a un par de muchachos que estaban descubriendo los materiales de una mediagua (cubiertos con una manga plástica) y nos acercamos ofreciéndoles ayudarlos, lo que aceptaron con mucho agrado, ya que debían realizar ellos solos el traslado de los paneles y maderas. Tomaron un panel y nos dijeron que los siguiéramos, cosa que hicimos trasladando también un panel . Fuimos bajando por escaleras incompletamente labradas en el terreno , sorteando otros materiales acopiados en sitios donde trabajaban cuadrillas de jóvenes y pobladores levantando “viviendas de emergencia”, hasta llegar al sitio correspondiente, ubicado al final de todos, distante unos cien metros quebrada abajo.

En el lugar trabajaba un grupo de 4 muchachos, dos jóvenes de Santiago, una muchacha Argentina y otra de Nueva Zelanda, quienes después de una breve conversación nos contaron que pertenecían a Techos para Chile. A decir verdad, de los jóvenes que se observa trabajando en el terreno muchos de ellos andan con el chaleco celeste de Techos, y ha sido así desde el inicio de esta catástrofe. Tienen una disciplina y experticia que se puede observar claramente al verlos trabajar:  midiendo, marcando, nivelando, preparando los pilotes, etc. Pude así conocer una novedosa, al menos para mí, forma de nivelar usando una manguera transparente llena de agua.
Con los primeros paneles no hubo mayor dificultad, ya que eran livianos y pequeños, pero cuando llegamos a los paneles del piso (  seis en total ) la cosa se complicó, por su tamaño y peso, por lo que debimos transportarlos entre los cuatro “cargadores”, haciendo toda suerte de maniobras en el estrecho terreno . Al llegar al penúltimo de los paneles habíamos en la práctica descubierto la mejor forma de transportarlo, pero ya “la pega” estaba hecha. Demoramos bastante e realizar estas maniobras y terminamos justo en tiempo para ir a reponer energías con el almuerzo entregado en el Centro Comunitario.  
Después de almuerzo partimos en dirección al cerro El Litre y El Verguel  para ir viendo en los distintos sectores el avance de la “reconstrucción”. 
Nos encontramos en el camino con una pareja de adultos mayores conocidas de Juan, quienes vivían en el límite entre El Litre y El Verguel, en una casa sólida de dos pisos, construida por ellos, que fue completamente arrasada por el fuego, quedando en pie solo las murallas de hormigón armado del primer piso. Nos hicieron recorrer su casa mostrándonos los distintos espacios y contándonos su vivencia de los hechos. Nos relataron como tuvieron que evacuar “con lo puesto”, pero al tratar  de bajar en su auto, arrancando de las llamas lograron llegar solo un poco más abajo, ya que los caminos estaban bloqueados por escombros, cables eléctricos cortados, bombas trabajando en el sector, gente corriendo, etc.
En la cercanía habían recién construido varios edificios de viviendas sociales aún sin entregar y allá se  cobijaron con el auto entre los edificios, los que por fortuna no fueron afectados por el fuego y sirvieron como cortafuego protegiéndolos del humo y el calor. Eso les permitió sortear la emergencia y  posteriormente, como a las tres de la madrugada,  lograron lentamente bajar, despejando tramo a tramo el camino, en una odisea interminable, para dirigirse a casa de sus hijos  en el sector del cerro Concepción. Al volver después de controlado el incendio pudieron observar la casa completamente destruida y al recorrerla nos relataban que los vidrios de las ventanas estaban fundidos igual que esperma de vela y una estantería de aluminio había desaparecido, transformada en pequeños montones de polvo negro sobre la cerámica resquebrajada. Hay que tener en cuenta que la temperatura a la que se funde el aluminio es cercana a los 1000( mil) grados y el vidrio  a los 1500 grados Celcius.
Después de este dramático relato continuamos nuestro recorrido y en el sector de la toma de El Verguel  pudimos constatar  un significativo avance en el levantamiento de las mediaguas. Esto obedece a que en un primer momento los voluntarios de un Techo Para Chile priorizaron dicho sector que ya conocían, pues habían armado mediaguas allí con anterioridad al incendio. En el intertanto oficiamos nuevamente como “cargadores”, ayudando a un poblador y su hija que trasladaban  planchas de internit desde una camioneta.
Al llegar a la parte final del terreno de la toma, observamos una curiosa construcción de barro, aún en fase de terminación, y nos acercamos para verla de más cerca. Algunos jóvenes que se encontraban en el lugar nos explicaron que se trataba de una casa “ecológica” construida con palet de madera  ( armazón de madera que se usa para la carga de materiales y facilitar su transporte con grúas horquilla), rellenos con plástico compactado y cubiertos de barro y paja          ( similar al adobe), utilizando además botellas de vidrio como ornamentación  y   tragaluces.
Fue construida por un grupo proveniente de Santiago con el objetivo de hacer funcionar allí un centro permanente ( por lo menos durante unos seis meses) de atención terapéutica complementaria   ( flores de bach, reiki, terapias de relajación, etc.), para apoyar a los habitantes del sector en tratamientos de contención post traumáticos . Al consultarles quien les había facilitado el terreno, nos contestaron que nadie… simplemente se instalaron ahí. O sea, se tomaron un terreno al final de la toma, igual como hacen los “coleros” en la feria de las pulgas.



Desde allá comenzamos a bajar con destino al cerro La Cruz, pues habíamos escuchado que era probable que Isabel Parra con el Inti Illimani fueran a cantar en el sector. Nos dirigimos hacia el estadio de La Cruz y antes de llegar, nuevamente ofrecimos nuestra “mano de obra no calificada” a un vecino del sector, que junto a unos bomberos bajaban tablas , listones y planchas de zinc quebrada abajo. 
Esta vez  nos enteramos que el material había sido donado por un Cuerpo de Bomberos en formación de la localidad de Pupuya, vecino a Navidad, en la localidad de Rapel. Los propios Bomberos, todos de origen campesino,  hicieron actividades para recolectar fondos, los que utilizaron para comprar materiales de construcción y ellos mismo los transportaron en una camioneta directamente al cerro, eligiendo  a la familia y el  lugar  en donde  entregar la ayuda, sin intermediarios gubernamentales o institucionales ya que, según sus propias palabras,  no les daban ninguna confianza. Así,  constataban en terreno a quien entregaban el fruto de su esfuerzo. 
De los cantantes no logramos saber si acudieron o no, pero en el estadio el cerro La Cruz nos encontramos con una jornada recreativa para los pobladores y los niños. Asimismo en el recinto conversamos con un poblador que planteaba la realización de casas de emergencia utilizando los palet de madera, ya que según nos relató, en un concurso mundial de casas para emergencias, un arquitecto inglés había sido el ganador utilizando estas armazones de madera como módulos, los cuales podían rellenarse con aislantes de distinto tipoy cubrirse exterior e interiormente con diferentes materiales. La ventaja mayor era que los palet  no tenían costo, ya que los regalaban. En la cancha tenía armado un prototipo a manera de muestra y nuevamente fuimos sorprendidos por la creatividad.

 Así finalizó nuestra jornada  con una nueva y variada experiencia como “cargadores” o “mano de obra no calificada”, en este Chile que  una vez más debido a las catástrofes, no ha podido seguir escondiendo los “ dos países” que lo  conforman.

Así finalizó nuestra jornada  con una nueva y variada experiencia como “cargadores” o “mano de obra no calificada”, en este Chile que  una vez más debido a las catástrofes, no ha podido seguir escondiendo los
“ dos países” que lo  conforman.
Valparaíso 10 de mayo 2014







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